
Cuando Silvio Rodríguez se dejó ver en el escenario, pude creerlo.
Ahí estaba. Sencillo, serio, aparentemente despreocupado. Con alguna probabilidad, tampoco él sabía qué esperar de nosotros, los más de 20 mil. Saber que lo acompañarían cinco músicos provocó que la sonrisa en mi rostro se ampliara.
La emoción llegó desde el primer acorde; la sorpresa, desde el segundo tema interpretado por el artista cubano. “Sueño con Serpientes”, la favorita de Tiburcia, dejó claro que el guajiro no seguiría el programa distribuido a la entrada del estadio. Eso daba esperanza a quienes querían escuchar “Unicornio Azul” y “Ojalá”, excluidas de la lista impresa.
“El concierto de esta noche lo estructuramos con el criterio de personas muy lindas que hemos conocido en estos dos días. La atmósfera es luminosa. Saber que este aire lo respiró Benito Juárez, sobrecoge”, había publicado el compositor pocas horas antes, en su blog.
Excelentes interpretaciones a…
• Carta a Violeta Parra
• Unicornio Azul
• Canción del Elegido
• La Gota de Rocío – aquí se notó el poco conocimiento de los fronterizos: ni un esbozo del coro hacia el final
• El Necio
• Óleo de Mujer con Sombrero – mi favorita, y en una versión bastante animosa
• Pequeña Serenata Diurna – yo no sé de política, pero el guajiro la dedicó a algunos cubanos presos en Estados Unidos
• Quién Fuera – el momento en que más extrañé a mis compadres
• La Maza – me queda claro que es “maza” y no “masa”
• Ojalá
… y algunos temas más, me dejaron satisfecho a plenitud.
Hubo también como tres canciones que escuché por vez primera.
Me confieso y me admito parcialmente villamelón; al fin y al cabo son apenas diez años escuchando su música, regocijándome en su lírica… creyendo que nunca tendría oportunidad de verlo en vivo.
Para Silvio Rodríguez aquello pudo ser una presentación más –eso es sólo una suposición-, pero para mí y no sé cuántos más, fue una noche bella, fascinante, especial.
Terminado el tiempo de Silvio, la sorpresa mayúscula nos la llevamos todos con Lila Downs, siguiente en el orden del programa. Los comentarios al final, fuera del estadio, eran acerca de ella y de su espectacular presentación.
Después de ver a Willie Colón, confirmé que la música salsa no es lo mío. Ni modo. Eso sí: el bajista Rubén Rodríguez es todo un maestro.

Hasta la próxima.